El siglo XXI es la entrada a una nueva era. Cambios turbulentos, impredecibles y acelerados conducen al mundo a condiciones complejas caracterizadas por afectaciones difíciles de trazar y entender.

Para las organizaciones e individuos que vivimos en esta era, evolucionar y aprender serán las características que nos permitirán ser exitosos.

El entendimiento y la administración de estas dinámicas exigen un cambio de paradigma. Las condiciones son las que lo exigen, sin embrago, como en toda evolución, la resistencia a la modernización conducirá a que muchos directivos y sus empresas pierdan competitividad y poco a poco se queden rezagadas.

Para muchos otros, los que tienen la capacidad de cuestionar sus creencias de éxito (teorías de negocio en aplicación), las oportunidades les abrirán nuevas posibilidades de negocio y de contribución a las grandes necesidades de la humanidad.

Estas diferencias en el entorno son las que nos exigen reflexionar sobre la vigencia de nuestros sistemas administrativos, sobre todo porque el cambio se vislumbra cada vez más acelerado y complejo.

La administración por procesos implica comprender a la organización como un sistema cuyos procesos son los elementos que interaccionan para crear valor a los clientes, valor que permite a los grupos directivos retroalimentarlo para reforzar o crear nuevas capacidades y distribuirlo de manera estratégica en los grupos de interés, para activar de esta manera, la dinámica del supra-sistema en el que la empresa se desarrolla.

Entre los estilos tradicionales de administración, podrían existir ciertas similitudes, sin embargo hay profundas diferencias a observar. Si bien la Administración por Procesos también busca el mejoramiento de los resultados como la Administración por Objetivos, el énfasis está en que este nuevo estilo de dirigir a las empresas se enfoca en los medios para logar los resultados. Con procesos estables y controlados, los resultados son repetibles y predecibles, características fundamentales para lograr la satisfacción de los clientes.

La filosofía de este estilo administrativo se basa en varios principios, aunque destacan tres:

  1. El enfoque al cliente,
  2. La colaboración (trabajo en equipo),
  3. Un liderazgo enfocado en la calidad de los procesos y sus interacciones (medios y significados).

La operación de estos principios implica comprender que los resultados son propiedades emergentes de administrar procesos y acoplar sus interacciones, y por consecuencia implica cambiar o dejar de lado el enfoque mecanicista que caracteriza a las organizaciones funcionales que se administran por resultados independientes, en donde el fin justifica los medios.

La madurez de la administración por procesos se manifiesta cuando las estructuras de trabajo se modifican para orientar al personal a interactuar en la búsqueda de propósitos estratégicos (comunes), consecuencia de líderes enfocados en provocar conexiones y dar significado a estos principios en cada equipo de trabajo.

Colaboración: Ing. Jorge Acuña Martínez

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