Cuando llegas a Biokrone, empresa ganadora por segunda ocasión del Premio Nacional de Tecnología e Innovación, solo sabes que no te equivocaste de dirección por que te mandaron la ubicación por WhatsApp. Enclavado en un campo a 5 kilómetros de la carretera, se ubica su Centro de Biotecnología, en un lugar donde antes había corrales de vacas lecheras, hoy se ubica un laboratorio con instrumental de vanguardia a nivel internacional.

Hasta el 2002, ahí se ubicaba el Rancho Santa Rosa, propiedad de uno de los principales productores de ajos y cebollas del Bajío, quien decidió poner sus tierras a la venta por que fueron invadidas por un hongo llamado la Pudrición Blanca, que se convirtió en un problema incontrolable para él.

En ese momento, Biokrone era una empresa que comercializaba la patente para un fungicida, la cual era rentada. “Éramos una empresa más del segmento de productos de agricultura, sin una competitividad en el mercado, lo cual nos llevó a buscar proyectos de investigación innovadores”, cuenta José Luis Velasco Silva, Director General.

Ellos sabían que ese modelo no les permitiría diferenciarse y encontrar un camino a un nuevo nivel de rentabilidad. Para lograrlo tendrían que desarrollar un producto que resolviera un problema grave del campo mexicano, el cual encontraron a la vuelta de sus oficinas, en la principal zona agrícola de nuestro país.

La Pudrición Blanca es especialmente dañina, ya que cuando no tiene alimento y se está muriendo, empieza a producir unas pelotitas del tamaño de un chocho, los Esclerosios, que les permiten reproducirse sin límite, ya que permanecen latentes en el campo hasta por 20 años y son resistentes a fungicidas y productos químicos, que además son altamente contaminantes. “La única forma de controlarlos es biológicamente mediante su antagonista, en este caso el hongo Tricoderma, que se alimenta del micelio de otros hongos, es decir, los Esclerosios. Es como si estuviera comiendo chicharrón” dice Ileana Rubio, Directora del Laboratorio .

“En la agricultura existe un desequilibrio por que cada vez somos más personas que necesitan más alimentos y de mayor calidad”, una de las razones por las que ha surgido la tendencia de alimentos orgánicos, que demanda técnicas de producción sin fertilizantes y controles de plagas químicos y potencialmente dañinos al ambiente y al ser humano.

México es el cuarto país productor de alimentos orgánicos del mundo[1], destinando 169 mil hectáreas a la actividad, de la cual 50% corresponde a productores indígenas, demostrando un impacto social inmenso, aunado al crecimiento sostenido del mercado con tasas del 10% año con año. De esta manera, tener un ojo puesto en este valioso segmento de mercado es una gran jugada estratégica de Biokrone, que resulta de la Vigilancia, una parte fundamental del Modelo Nacional de Gestión de Tecnología e Innovación propuesto por el PNTI.

Ahí se identificó el potencial para fundar el Centro de Biotecnología, un proyecto que le permite a Biokrone desarrollar productos con bajo impacto ambiental pero que mantienen y elevan la productividad de los cultivos, atendiendo un problema clave de un segmento con más demanda continua, en el que han logrado ser competitivos y aportar valor a los agricultores.

El avance tan ágil fue posible al trabajar internamente con un sistema de Gestión de Tecnología, con un equipo muy participativo en el desarrollo de ideas que resultaron en el 2015 en un Primer Premio Nacional de Tecnología con el producto Glumix, el cual a la vez detonó varios productos de innovación como Bactillis, con el que ahora ganan la edición XIX.

Sin duda, en Biokrone han encontrado en la Innovación un pilar estratégico que les permite el crecimiento acelerado. Esta forma de pensar y actuar les permitió abrir mercados en México y competir con empresas trasnacionales, así como abrir mercados extranjeros, ya que hoy comercializan en 8 países y con trámites de registro abiertos en varios más.

“En Biokrone somos líderes innatos”, dice José Luis Velasco, “siempre hay propuestas e inquietud de dónde innovar. De la mano con los inversionistas, quienes tienen absoluta confianza en el equipo, es un ingrediente primordial. Muchas veces queremos innovar y no invertir. La innovación es un componente básico de las empresas. Tenemos que invertir de manera muy racional y con objetivos muy claros de qué queremos mejorar.

¿Cómo se construye la cultura de innovación de Biokrone? Cada integrante hace iniciativas de innovación como pieza fundamental. Capacitamos al personal en las áreas que se requieren, ofrecemos mucha libertad para hacerlo con base en las necesidades que tenemos”.

Ileana fue invitada y con gusto aceptó el reto de iniciar la investigación y producción de dos biofungicidas: Acticontrol y Bacfungis.

Biokrone se enfrentó a una situación donde se podría haber dicho hasta aquí, esto es el final, pero nosotros lo enfrentamos diciendo “esto es lo que tenemos y esto es lo que hay mejor vamos a ver cómo lo podemos recuperar. Porque siempre hay una oportunidad, a lo mejor nosotros no tenemos la capacidad de ver entonces preguntamos, nos asesoramos, por eso nos vinculamos, y es cuando llegamos  las soluciones, diversificando.

Al tener el primer producto, el Instituto de Biotecnología empezó de inmediato el trabajo con Agrícola San Isidro y en solo 4 años obtuvieron el registro orgánico para la siembra de ajos y cebollas, a través de la recuperación del suelo por una vía biológica.

Muy pronto Guanajuato podría ser potencia nuevamente si los productores deciden aplicar estas soluciones, pero se detienen por que quieren ver resultados inmediatos, pero este es un plan a 3 años, que contra la opción de perder todo es una evaluación, aparte si el producto se va a mercados de exportación, es cuando se recupera la inversión con creces. Depende del productor. “Ellos deciden el grado de inversión que debe tener. Uno debe analizar las poblaciones y aplicar continuamente, tener buenas prácticas de agricultura, cuidar la limpieza de los implementos, inocuidad hasta erradicar las poblaciones dañinas”.

No cabe duda que Biokrone encontró la manera de basar su estrategia para diferenciar su producto en la gestión de tecnología y es una demostración de que no importa si piensas que todo está perdido, mediante el proceso correcto, puedes “encontrar una carencia sin solución y darte cuenta que es el momento de innovar”. La Fundación del Premio Nacional de Tecnología e Innovación les extiende a toda la empresa una calurosa felicitación por sus logros. ¡Enhorabuena!

Colaboración: Biokrone

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