Carolina Performance Fabrics no siempre ha tenido este nombre. El edificio donde hoy se ubica la ganadora del Premio Nacional de Tecnología e Innovación era un molino llamado La Esperanza, que en los 400 años desde su fundación ha atestiguado la historia de innovación de México y ha demostrado que podemos resistir fuego e incluso balas.

Este molino fue construido en 1624 en Salvatierra, Guanajuato, una importante zona industrial de México que acunó a dieciocho grandes haciendas que producían múltiples alimentos al estar ubicada en la rica cuenca del Río Lerma. La Esperanza se transformó para dar cabida a una de las primeras fábricas de la era industrial en nuestro país. Cuando fue fundada en 1845, “La Perla” fabricaba manta e hilaza, telas fundamentales para vestir a las personas de ese tiempo. Unos años más tarde, inspirados por las políticas de Benito Juárez, le cambiaron el nombre a “La Reforma”, la cual rápidamente se convirtió en un modelo de producción industrial, impulsada por la utilización de importantes adelantos técnicos como las máquinas de vapor, la producción en masa, y muy pronto, telegrafía y energía eléctrica.

Tras un incendio en 1916, seguido del cambio de propietarios, sus nuevos dueños la nombraron “Textiles La Carolina y Reforma”, lo que trajo un proceso de modernización para integrar la tintura y acabado de las telas. Tras una quiebra en los 70, la fábrica pasó 20 años en manos de los obreros, y fue adquirida por la actual administración, quienes han realizado una labor titánica para mantener la competitividad de este importante motor de la economía local.

Gracias a su esfuerzo y el de miles de trabajadores que se han sumado al reto de llevar a la empresa al siguiente nivel de competitividad, hoy en día las inmensas alas industriales de La Carolina siguen resonando con el estruendo de los telares, solo que ya no fabrican la manta y las gabardinas del pasado, hoy crean textiles altamente tecnificados, con un alto estándar de calidad.

Hoy, Carolina Performance Fabrics cuenta con varias divisiones de productos: Blindaje personal y automotriz – que es la merecedora del PNTi; Algodón retardante a la flama; Telas industriales; Geomembranas; Arquitectura Textil y por último, el Dunnage – contenedores para el transporte de partes para la industria automotriz.

El Ing. José Antonio Quintana Corral, Director General de Carolina Performance Fabrics, recuerda un momento crítico a mediados de los noventas, con la apertura de los mercados y la llegada de los productos asiáticos, muchos de ellos contrabandeados. Al no estar preparados para este momento, muchas empresas empezaron a verse comprometidas con márgenes muy bajos que pusieron en riesgo el futuro de la compañía.

Para resolverlo, decidieron innovar: “cambiamos la estrategia al formar un área de Investigación y Desarrollo (I+D), liderada por el Dr. Rodolfo Radillo, para desarrollar textiles técnicos –es decir, usos distintos a la vestimenta– que surgieron de la participación de grupos multidisciplinarios y de expertos, lo que nos llevó a desarrollar tecnología y productos que ofrecieran márgenes más altos para cambiar la situación crítica en la que estaba la empresa”.

Esta área fue responsable de definir las líneas para innovar, comenzaron con algodón resistente al fuego y electrostática, después la línea de balística con productos para la protección personal y de blindaje de vehículos y ahora lanzaron el producto de placas de seguridad que protegen contra disparos de armas largas.

Este mercado es sumamente atractivo, ya que la situación de la Seguridad en México obliga a las fuerzas del orden a equipar a su personal con elementos de defensa que les permitan hacer frente a los grupos delictivos reduciendo el riesgo de ser heridos; y por otro lado, servir a un público que requiere de protección adicional para no convertirse en víctimas.

Ha sido tan importante la tecnificación del producto de Carolina Performance Fabrics que hoy en día los productos comoditizados, es decir, las telas de gabardina de algodón para uniformes industriales, representan tan solo el 5% de la producción, mientras que el 95% son textiles técnicos especializados en donde no tienen competencia nacional, sino que su mercado se expandió al internacional, poniéndose al nivel de empresas de escala global.

No solo eso, desarrollar estos nuevos productos más competitivos y los procesos que les acompañan los llevó a implementar plantas piloto y modernizar sus laboratorios. Esto a su vez generó la satisfacción del personal por pertenecer a una empresa innovadora, que los enorgullece y donde ven otro ambiente, el cual ha cambiado hacia una mejora continua, a una cultura de Innovación.

Como menciona el Dr. Radillo, “antes nuestro trabajo era cumplir con procesos tradicionales –similares a los de hace 160 años– y en los últimos diez el ritmo se modificó: los grupos multidisciplinarios trajeron expertos en óptica, física o química, a través del desarrollo de redes de colaboración con Centros de Investigación (CDI’s) y alianzas comerciales con empresas multinacionales para ser más eficientes en las áreas de ventas e investigación. Este nuevo ambiente que se vive desde el operario, en el que todos somos responsables de implementar estas innovaciones y desarrollar nuevos productos y procesos los ha entusiasmado mucho, pues ven el resultado de su trabajo”.

Un ejemplo de este proceso continuo de generar nuevos productos altamente tecnificados es el ganador de la edición XIX del Premio Nacional de Tecnología e Innovación, el Prototipo de la Placa de Protección Personal contra Proyectiles de Armas Largas, más ligera, menos voluminosa y que tenga el desempeño para impedir que un proyectil de armas largas sobrepase la placa y provoque algún daño. Hasta ahora, en México solo había placas importadas y ningún producto nacional ofrecía un nivel de excelencia que cumpliera las normas a nivel internacional.

“Al estar ubicados en Guanajuato –un cinturón industrial muy tecnificado– competimos en mano de obra con gente muy calificada y hemos logrado que nuestros empleados se capaciten y es un orgullo para la empresa contar con personal de este nivel así como para ellos lo es el pertenecer a Carolina” comenta José Antonio Quintana.

“Una parte fundamental para lograrlo fue el trabajo multidisciplinario a través de Centros de Investigación como el Centro de Investigación en Óptica, el Centro de Investigación de Yucatán, o el CIATEC de Querétaro, quienes nos ayudaron a certificar nuestro producto con el Departamento de Justicia de Estados Unidos y así poder servir al mercado nacional, pues al no existir un órgano certificador nacional debemos apegarnos al mayor estándar posible”.  El resultado es una placa que puede detener hasta 3 tiros, uno arriba de los dos establecidos por la norma.

En Carolina inician con un proceso para conocer la “Voz del Cliente” a través de una técnica llamada QFD (Quality Function Deployment o Despliegue de la Función de Calidad) una técnica japonesa de la industria automotriz adaptada a sus necesidades que les permite entender los problemas que tiene el cliente y las oportunidades para desarrollar nuevos productos. A partir de ahí proponen una cartera de proyectos al comité directivo, quien prioriza a partir de la estrategia comercial. Posteriormente se lleva a la Planeación y la Habilitación, a través de expertos internos y externos y para terminar con la Implementación.

“Una vez desarrollados nuestros productos y procesos los protegemos a través de Secrecía Industrial y Patentes, según corresponda. Acompañados por un proceso continuo de Vigilancia donde estamos al pendiente de la Competencia, las Novedades, y qué Técnicas podemos adoptar para ofrecer la mejor solución” dice con total conocimiento de causa el Dr. Radillo.

Otro componente central es el Laboratorio de Balística, el primero de su clase en México, como demuestran con el permiso otorgado por la Secretaría de la Defensa Nacional, foliado con el número 001. “Fue un proceso complicado y nunca antes hecho, que nos permitió contar con instalaciones que nos permiten hacer pruebas que nos ayudan a hacer una mejora continua de nuestro producto y garantizar la calidad de cada lote”, afirma José Antonio.

A nivel negocio es muy importante innovar, pues de fabricar productos con márgenes muy bajos y a la larga poco sustentables, crearon nuevas líneas de negocio donde son los únicos fabricantes nacionales compitiendo contra países desarrollados. “Para lograrlo es clave mantener una vigilancia continua, tanto con lo que sucede en el entorno, especialmente al escuchar a los clientes y resolver sus problemas mediante nuestros insumos, la habilitación, y un buen Sistema de Gestión de la Tecnología”.

“La Fundación del Premio Nacional de Tecnología e Innovación ha sido clave para implementar esta estrategia, pues nos mostró un Modelo que nos permite lograr los objetivos planteados. Este nos llevó a cambiar cómo gestionamos los proyectos y la Tecnología, basándonos en la Norma Mexicana del mismo nombre”, dice Rodolfo.

El camino no ha estado exento de retos, iniciando por el cambio de actitud de las personas que llevaban haciendo las cosas como las hacían siempre y llegar a un nuevo modelo de trabajo, “al principio había muchos incrédulos y no querían salir de su zona de confort, pero acompañado con una capacitación continua cambiamos la ideología, la forma de hacer las cosas”.

Estar al frente de un grupo multidisciplinario y hacerlo productivo es un reto de liderazgo y motivación para evitar duplicidad de funciones y gestionar a los expertos. Este proceso se simplificó al mostrar los primeros resultados positivos, motivando a otras áreas que pronto quisieron compartir los logros.

“Iniciamos con certificación de competencias laborales, pero al tratarse de Innovación, fue clave comunicar hacia dónde se quería llegar y por qué, ofrecer cursos de sensibilización al cambio y otros más específicos y técnicos para los procesos. El personal de I+D ha cursado los Diplomados de Gestión de Tecnología y otros cursos impartidos por la Fundación del PNTi, una excelente opción para implementar un sistema de gestión de tecnología con buenos resultados”.

Otra clave del éxito ha sido el involucramiento de José Antonio, quien opina que “los directivos tenemos la obligación de mantener una empresa con una visión de mejora para todos y las armas para impulsar su crecimiento. Si la alta dirección no impulsa la innovación y conforman un buen equipo, las empresas tienden a morir. Por eso pienso que falló la industria textil en México, pues no se tuvo la visión de innovar y competir a nivel internacional, lo que es parte de nuestra obligación. Carolina, no por ser una empresa familiar puede quedarse dormida. Yo tengo la obligación de mantenerla con un alto nivel tecnológico para las siguientes generaciones”.

Todo esto ha traído cambios positivos tanto con los empleados, con el entorno y la competitividad nacional: “el principal cambio es la motivación y el orgullo de los empleados, el haber luchado tantos años y lograr la transformación de un textil tradicional a uno tecnificado. Igualmente, para la comunidad de Salvatierra – de la cual hemos recibido y hemos aportado tanto–, es un orgullo contar con una empresa con un premio de esta categoría”.

Este logro también trasciende al nivel local y coloca a México en el panorama internacional, “Al hacerlo mejoramos nuestra posición competitiva y mantenemos el liderazgo en nuestras líneas de productos, donde logramos ser la única empresa nacional en estas líneas. La competencia es mundial y enfrentamos a alemanes, japoneses y estadounidenses, lo que requiere un compromiso de mejora continua”.

Por supuesto, la Gestión de la Tecnología y la Innovación han traído resultados positivos al negocio al lograr mejores márgenes y ofrecer un producto de alta calidad sin sacrificar el precio competitivo y la producción nacional, consiguiendo ganar en Costos Bajos y Diferenciación, las fuentes de la ventaja competitiva.  Por consiguiente, la empresa presenta una buena prospectiva, con buenos números, listos para enfrentar los retos del futuro.

Por eso, México debe innovar con urgencia, pues, como recuerda Rodolfo, “se enfrentaron muchos años de proteccionismo, y con la llegada del GATT y la apertura económica los empresarios tuvieron que salir de su zona de confort o desaparecer. Con la llegada del TLC hubo un boom de la demanda y una renovación. En el nuevo milenio, debido al encarecimiento de combustibles, electricidad y agua, varios de la competencia tuvieron que cerrar, orillando a muchos a la comercialización y la importación, dejando a pocos industriales que no les quedó otra alternativa más que innovar, tanto en sus sistemas, productos o procesos de marketing. Hoy en día son los que tienen una mejor posición competitiva y en México está surgiendo esta labor. Por eso lo que ha hecho el Premio Nacional de Tecnología e Innovación ha sido un importante aliciente que motiva a las empresas a participar de la innovación. La posición geográfica de México nos da una ventaja competitiva que sólo podemos mantener innovando”.

José Luis, por su parte, refiere que “debido al nicho en el que estamos nosotros, donde estamos protegiendo vidas, ha sido muy importante innovar, ya que hemos dependido de productos importados y al desarrollar productos hechos en México, con mano de obra y tecnología mexicana – el tejido, el laboratorio, la consolidación– tenemos todos los procesos que podemos fabricar en nuestro país. Así elevamos la competitividad y no sólo eso sino que tener estos márgenes nos permite darle a nuestro equipo de trabajo mejores salarios y asegurarnos que haya una derrama a la comunidad por efectos de la innovación”.

Sin duda, al llevar a cabo todas estas iniciativas, que además tienen efectos positivos tanto para el negocio, como para la comunidad y para el país, es una labor titánica que merece ser reconocida. “El Premio Nacional de Tecnología e Innovación es una oportunidad de ser evaluados y retroalimentados, nos ayuda a mejorar nuestro Modelo de Gestión de Tecnología, que influye positivamente en la cultura organizacional y refuerza el compromiso para continuar innovando ser mejores y acercarnos al logro de nuestra misión: Producir textiles innovadores logrando la satisfacción de socios, empleados y comunidad. Y cumplir su Visión: ‘ser reconocidos a nivel internacional como soluciones de problemas con textiles técnicos de alta calidad y participar en mercados especializados”.

No innovar es un riesgo que no se pueden permitir “pues provocaría una reducción en los márgenes de utilidad, contraerse y desaparecer” como reflexiona José Luis, “o en el mejor de los casos, copiar lo que hace el de enfrente y entrar en una espiral de alto riesgo”.

Al responder cómo lograr que una empresa sea innovadora, el Dr. Radillo responde rápidamente: “¡Cambiando la cultura! Un detonante es la necesidad de supervivencia, ya que hace que las empresas busquen soluciones y en ese proceso empiezas a innovar. Si lo logras, alcanzas un círculo virtuoso que te va solucionando problemas internos, financieros y te lleva a innovar sobre lo que ya hiciste pues viene la competencia detrás. Tiene que ser uno quien mate su propia innovación para que cuando llegue la competencia estés lejos de ellos”.

“Una vez que empiezas a innovar, ya no puedes parar por que si no te quedas atrás. Hace 10 años hacíamos telas que no habían cambiado sus procesos de innovación desde hace 80 años, hoy en día el cambio es un trabajo de cada día. En los 90s estuvimos cerca de la quiebra, no cerramos por que nadie quiso apagar la luz, pero este es nuestro patrimonio y tenemos el compromiso con las familias que dependen de nuestro liderazgo. Había que sacarlo adelante y la forma de lograrlo fue mediante la innovación”

En el futuro, participar en el Premio se convierte en un elemento muy importante que refuerza el compromiso de seguir innovando y ser una mejor empresa.

Colaboración: Carolina Performance Fabrics

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